Colabora hoy El canino en su total esplendor Un artículo de un joven adiestrador español quien ya ha colaborado con nosotros en otras ocasiones ¿Cuántos de nosotros nos hemos parado a pensar seriamente en el canino?, no me refiero a mirarlo y simplemente decir: ¡Qué bello es!; Es un canino pequeño; Es un canino muy grande no me gustaría que se enfadara... Yo me refiero ha llegar más allá, no dedicarnos ha contemplar su belleza, musculatura o inteligencia. Por increíble que parezca el canino tiene más historia de la que parece y apareciendo en numerables ocasiones en el arte. En la antigüedad el hombre prehistórico ya descubrió que el canino era un colaborador inapreciable para la caza y se asoció con él para cazar juntos. Desde entonces no sólo ha sido un compañero casi imprescindible en la caza sino también el amigo incondicional que le ha acompañado a lo largo de toda su historia. En el Arte Rupestre de las cuevas y abrigos del paleolítico superior representaba de un modo muy realista los animales que servían de presa al hombre, y tal vez con una finalidad mágica, para propiciar la caza de los animales representados. La primera imagen de canino que se conoce hasta hoy no aparece hasta el Neolítico, período más abstracto, y puede verse en una escena de caza. En realidad es un simple brochazo horizontal ligeramente cóncavo, con cuatro trazos verticales bajo su zona central (dejando a ambos lados el cuello y la cola) y dos trazos otros sobre la cabeza a modo de orejas enhiestas, pero su actitud acosando un ciervo hacia el cazador, que lo espera empuñando una lanza, lo define claramente como canino de Caza Mayor. La pintura a la cual hago referencia es del período Bovidiense, existe en la pared de un abrigo natural en Tassili (Argelia), donde pueden observarse dos caninos en actitud de acosar a un bóvido mientras el cazador se acera a la carrera. Centrémonos un poco más en los Egipcios y fijémonos en el llamado “canino de los faraones” que no ha cambiado en sus cinco mil años de existencia. Se le cree el antepasado de todos los Galgos actuales, pero también de los Podencos porque, aunque se los considera Lebrel, sus orejas enhiestas, que tanto le asemejan al Chacal, son precisamente lo que distingue a los Podencos de los Galgos. Es rápido, ágil y gran cazador, para lo que posee un excelente olfato y muy buena vista. En árabe se le llama Kelb tal Kenek, es decir, “canino cazador de conejos”. Por su agradable carácter, su papel se limita al canino de compañía. Anubis era el dios guardián del reino de ultratumba entre los egipcios, protegía a la momia del difunto contra las fuerzas maléficas de la noche, como lo atestiguan las imágenes de caninos negros tendidos en el suelo que custodian las puertas de muchas mastabas, las tumbas rupestres egipcias. Aunque se dice que Anubis se le representa como un chacal, la verdad es que los textos egipcios no precisan claramente su especie y por su aspecto igual podría ser un chacal que un canino, ya que las orejas enhiestas del canino de los faraones son exactamente iguales a las del chacal común. Este canino es, entre otros, el antepasado de un curioso canino peninsular: El Podenco Ibérico. Samuel Rodríguez Alcázar