Nota editorial
Lo que el adiestramiento me posibilitó en todos los órdenes de la vida.
Una de esas cosas fue el aprender a relacionarme mejor con todo el mundo, incluyendo mi propia hija. Tal es así que en estos momentos estoy escribiendo un libro a cerca de la educación de los hijos en base a los métodos pedagógicos de los animales, cuyo contenido ha sido muy bien visto por la Licenciada en Psicología María Cristina Galán, una de las psicoanalistas más destacadas en el tratamientos de problemas adolescentes, quien a su vez escribirá el prólogo de este libro. Prometí compartir con ustedes en sucesivas entregas la introducción y algunos capítulos de ese libro, ya lo hice en números anteriores, incluso Luz Carmen Guerra, suscriptora de la revista, me ha hecho saber que está empleando una parte ya publicada para una ponencia sobre Desarrollo Humano en una de las Universidades privadas más prestigiosas de México, lo cual me ha llenado de orgullo por supuesto. Ahora veamos otra parte. Esta vez tiene relación con el tema del entrenamiento basado en refuerzos positivos, el basado en castigos, y el entrenamiento natural que emplea ambos elementos, premios y castigos, estructurados en normas.
Cuando aparecen las reglas
Imaginemos por un momento a un niño, al que denominaremos Cristian, que concurre a un partido de un deporte cualquiera.
Llega al campo de juego y comienza a botar la pelota. De pronto pasa un niño a su lado llevando la pelota con los pies. Cristian deja de botar la pelota y comienza a jugar fútbol, avanza hacia al arco donde hay 3 arqueros que se le tiran a las piernas y lo hacen caer al suelo como en el rugby. Mira el campo de juego pero no todos actúan de la misma manera, además cada uno tiene su propio balón, balones redondos o cúbicos, aunque algunos se los disputan, con los pies, las manos o la cabeza. Intenta avanzar hacia el otro arco, pero alguien corre el arco de lugar ya que tiene rueditas. Otro niño pasa velozmente a caballo y le grita “ganeee!!”.
Cristian ve pasar a un hombre vestido de negro que parece ser un árbitro, y le pregunta “¿cuáles son las reglas de este juego?”, el hombre se sorprende por la pregunta y responde “¿reglas?, aquí no hay reglas”.
¿Cuánto tardará Cristian en regresar a su casa aburrido y frustrado?.
Las reglas son las únicas herramientas que nos dan un marco de certeza respecto de cómo actuar. Sin reglas no existe la sociedad, sin sociedad estamos solos, si estamos solos tenemos angustia y miedo, el miedo da lugar a ataques de ira y violencia, entonces nos encontramos con un cuadro típico al que se enfrentan cada día quienes dirigen institutos de recuperación de jóvenes adictos a las drogas. Son jóvenes que han crecido sin reglas, sin un marco que les de pautas de cómo comportarse, y el resultado es una angustia asesina, que empieza por la agresión contra ellos mismos y llega a la agresión al entorno.
Si averiguas más a cerca de esto, encontrarás que esas instituciones cuentan con un marco de reglas muy claras y estrictas. Los jóvenes que están internados se someten a un tratamiento de reglas, es decir que se les administra el nutriente que les ha faltado toda su vida y causante de su enfermedad.
Ellos tienen entre otras:
q Horario para despertar
q Horario para dormir
q Horario para asearse
q Horario para desayunar
q Tareas programadas con pautas y normas
q Conjunto de normas y penalizaciones, como por ejemplo
o Quien no ha hecho bien su cama no mira la TV a la noche
o Quien no tiene ordenadas las herramientas de huerta exactamente en su lugar no fuma en todo el día (se estipula el límite máximo de cigarrillos en unos 4 ó 5 diarios, y se reduce ese número con cada sanción)
o Cualquier infracción a las normas es castigada con una sanción, que va desde un cigarrillo menos en el día hasta retirar el permiso de visita familiar por equis tiempo
Como puede verse, se trata de una sobredosis de reglas para niños crecidos sin ellas durante toda su vida.
Sin dudas han sufrido durísimas vidas, ya sea por falta de atención y afecto como por exceso de permisividad, lo cual es también una muestra de desinterés hacia ellos.
El no imponer y hacer respetar reglas claras de comportamiento es una demostración de desinterés por parte de los padres. El soborno constante de regalos, dinero, vacaciones, es una excusa para no hacerse cargo del deber que les corresponde como tutores y sacarse de encima a sus hijos.
Ellos lo sienten, y reaccionan con esa falta de afecto hacia sí mismos. “Si no soy lo suficientemente valioso como para que por lo menos me castiguen, será porque no soy nada ni nadie”.
Quienes estén ligados al derecho recordarán el concepto de “norma” según Kelsen. Para el derecho kelseniano una norma implica una sanción, y una sanción es una privación (de sus bienes, su libertad o su vida).
Para construir reglas de comportamiento social en nuestra familia, debemos establecer normas claras. Por ejemplo como las que establecen en las institutos para recuperación de jóvenes droga dependientes. Vemos ahí los elementos que constituyen esas normas:
q Un enunciado de conducta
q Una sanción para quien no la cumple
Como vemos el esquema es muy simple “se debe hacer tal cosa – quien no la hace tendrá una sanción”
La vida sin normas genera inseguridad, falta de marco de contención.
Nada hay nada más excitante que descubrir las reglas de un juego cuando tienen lógica y continuidad.
Por ejemplo, existe un juego muy simple consistente en sentarse colocando las sillas en rueda. Los jugadores deben conocer en su mayoría, al menos la mitad más uno, cuál es la regla del procedimiento, y el resto debe adivinar esa norma oculta mediante la observación, el ensayo y el error.
Es tan simple que parece reservado para estúpidos. Pero te invito a que lo practiques un día en alguna reunión y verás como atrapa la atención el hecho de contar con reglas ocultas que deben descubrirse.
Los jugadores cuentan con una cuchara, solo una para todos que irán pasando al de al lado, éste al siguiente, y así durante todo el tiempo necesario para que los que ignoran las reglas puedan descubrirlas.
Quien entrega la cuchara debe decir “te la paso derecha” o bien “te la paso cruzada”. Mientras que el que la recibe debe decir “yo la recibo derecha” o “yo al recibo cruzada”, y pasándosela al siguiente “... y la paso cruzada” o ”la paso derecha”.
Cuando se entrega o se recibe, los que conocen las reglas, hacen maniobras extrañas con la cuchara, la miran, la dan vuelta, la cambian de posición, con cara seria como concentrados. Harán ,maniobras engañosas, para confundir, como por ejemplo, recibir la cuchara con los brazos cruzados, entregarla cruzándola por sobre su antebrazo, cruzando los dedos, etc.
Quienes no conocen las reglas lucharan por descubrir qué significa recibir derecho o cruzado y qué significa pasar derecho o cruzado.
Ellos harán mil pruebas en cada intento, cada vez que la cuchara pase por sus manos.
Tanto se concentran en la cuchara y las manos, o los brazos, que tardarán mucho en percatarse de que el secreto estaba en las piernas, ya que cada vez que se recibe o se entrega cruzada, la persona tiene cruzadas las piernas, y cuando lo hace derecho, recepción o entrega, tiene las piernas sin cruzar.
Las maniobras que hacen los que ignoran estas normas y su desesperación por ensayar toda clase de maniobras es lo divertido del juego. Donde por supuesto, quienes vayan descubriendo el secreto no deben revelarlo, se continuará así hasta que todos lo sepan.
Me fui un poco por las ramas relatando un juego pero quería demostrar que el hecho de saber que una regla existe, nos da sentido para continuar adelante.
Y ahora apoyaremos esta afirmación con los experimentos realizados por el Profesor de psicología estadounidense Alan E. Fisher.
Alan. E. Fischer. – Chemical Stimulation of the Brain, Scientific American – 1964
El Profesor Alan E. Fisher, especialista en problemas de los jóvenes, dividió un conjunto de cachorros de canino de 10 semanas de edad en tres grupos.
q Grupo A: los trataba siempre con cariño, les permitía cualquier cosa, cada vez que entraba al lugar donde estaban los acariciaba, les daba golosinas y se dejaba morder, lamer, y saltar
q Grupo B: los trataba siempre con desprecio, nunca los alimentaba personalmente, solo lo hacía a través de un agujero en al puerta para que no lo relacionen con nada bueno, cada vez que entraba a su lugar les pegaba si se le acercaban.
q Grupo C: los trataba de manera cambiante, a veces los acariciaba, otras les pegaba, a veces los recibía con golosinas y otras con retos.
Los resultados fueron increíbles:
El grupo que más lo seguía, que más devoción mostraba por él, no era el grupo A, ni tampoco el grupo B, sino el tercer grupo, ese que recibía un trato desparejo y cambiante.
A qué se debe esto?. La respuesta se encuentra en la poderosa necesidad de aprender con que cuentan las crías.
Es tan fuerte esa necesidad como la necesidad misma de supervivencia, ya que quien no aprende no sobrevive.
Por lo tanto, las experiencias de Fisher arrojan el mismo resultado que el juego de la cuchara cruzada o derecha. Los cachorritos de los grupos A y B no encontraban motivación para descubrir nada nuevo en el profesor, ya que siempre los trataba de misma manera, pero los del grupo C advierten que hay algo, alguna regla, que debe estar motivando este comportamiento cambiante. Esa regla, dice la pulsión de supervivencia instintiva, puede que sea la regla fundamental para tener éxito como especie, la llave que nos salvará de la muerte.
Los padres debemos ser una fuente de libre albedrío. Debemos ser un juego de acción y reacción como lo son los juegos de estimulación infantil. En estos juegos cuando se aprieta el botón rojo suena un timbre, cuando se aprieta el azul se enciende una luz. Nosotros debemos ser eso mismo para mantener a nuestros hijos atentos, esperando qué más tienen para aprender. Reaccionando de manera lógica y coherente a cada comportamiento de ellos, con una reacción acorde con cada acción de ellos.
El ejemplo de los niños tratados como los cachorros del grupo A podemos encontrarlo en la frase muchas veces escuchada en los dramas de la vida real o del cine “te lo he dado todo y me haz respondido de esta manera”. Esta frase condensa el fracaso del grupo A en los experimentos de Fisher.
Debemos dar siempre algo diferente, en concordancia con lo que hagan nuestros hijos.
Tampoco sirve de nada actuar como en el caso del grupo B, donde los niños son siempre tratados con distancia y dureza. La frase sería en este caso “he sido todo lo firme que pude y sin embargo no ha servido de nada”
Debemos ser firmes pero tranquilos, con una respuesta para cada comportamiento.
El “te lo he dado todo y me haz respondido de esta manera” es la frase más oída en las entrevistas con padres e hijos en los institutos para droga dependientes.
El “he sido todo lo firme que pude y sin embargo no ha servido de nada” es la frase más escuchada de parte de padres que ya no ven a sus hijos porque se alejaron para siempre de ellos.
En ambos casos hay una relación rota, porque la mayor fuerza que une a los hijos y los padres es su necesidad de aprender, y si nada hay que enseñar, la relación se rompe.
Una almeja no tiene nada que aprender de sus padres. Su guión de vida es tan sencillo que le basta con un par de líneas preprogramadas en su memoria genética para sobrevivir.
Un ave debe aprender a volar, a buscar alimentos y escapar de los predadores, dentro de todo se trata de un programa de educación más o menos simple, y por lo tanto el lazo que une a padres e hijos es relativamente corto en el tiempo.
Un cachorro de puma debe aprender a buscar sus presas, cazarlas, evitar las presas venenosas, y algunas otras cosas más, que hacen que el tiempo de permanencia del lazo con su madre sea más largo que el de un ave.
El humano es el animal con la infancia más prolongada de la naturaleza. Debe aprender todo, desde a caminar hasta volar naves espaciales. Su vida es un eterno aprendizaje. Por tal motivo es la especie que evoluciona generación tras generación, dado que basa su experiencia en la experiencia de la generación anterior. El profesor enseña sus investigaciones al alumno, el alumno parte desde esa base y avanza más allá, luego lo transmite a su propio alumno, quien arranca desde esa base para subir más en el conocimiento, y así sucesivamente.
Pero cuando nada tenemos para enseñar, como en los casos
q A - “te lo he dado todo y me haz respondido de esta manera”
q B - “he sido todo lo firme que pude y sin embargo no ha servido de nada”
No hay motivo para sentirse ligados a los padres. Por lo tanto esos jóvenes cachorros humanos están abandonados a la soledad, el miedo, la desesperación, y la droga.
Nestwärme – Vitus B. Dröscher : El psicólogo y zoólogo alemán Vitus B. Dröscher, cuenta cómo ha observado a algunos de los profesores de escuela de sus hijos cometer el error de los grupos A y B de Fisher. Los primeros días de clases aplican un espíritu antiautoritario, en el que todo está permitido y facilitado como en el caso del grupo A de Fisher. Un par de meses más adelante los alumnos no prestan atención, se indisciplinan y distraen, ya que nada hay interesante ahí, entonces el maestro pasa a aplicar el método correspondiente al grupo B de Fisher. En su desesperación por reimponer el orden actúan con extrema dureza, castigando a todos por igual ante cualquier acto. Tampoco consigue que los alumnos aprendan. .
Orlando