Lo que el adiestramiento me posibilitó en todos los órdenes de la vida.
Una de esas cosas fue el aprender a relacionarme mejor con todo el mundo, incluyendo mi propia hija. Tal es así que en estos momentos estoy escribiendo un libro a cerca de la educación de los hijos en base a los métodos pedagógicos de los animales, cuyo contenido ha sido muy bien visto por la Licenciada en Psicología María Cristina Galán, una de las psicoanalistas más destacadas en el tratamientos de problemas adolescentes, quien a su vez escribirá el prólogo de este libro. Prometí compartir con ustedes en sucesivas entregas la introducción y algunos capítulos de ese libro, ya lo hice en un número anterior, y ahora veamos otra parte.
Del Parto a la Adolescencia
Existen una cantidad de elementos comunes en la naturaleza de los mamíferos.
La manera en que se desatan los instintos de padres y cómo se forman o rompen los lazos con los hijo.
El tipo de estructura pedagógica y de entendimiento.
El sistema de normas y penalidades sociales.
Todo nos hace ver que estamos en presencia de una conducta innata. El comportamiento que controla nuestras capacidades como padres cuenta con herramientas sólidamente grabadas en nuestra memoria genética.
Nos asombra ver cómo una perra primeriza cría a sus hijos sin necesidad de que nadie le enseñe como hacerlo, y sin embargo la hembra humana esta en condiciones de hacerlo si pudiéramos quitarle de encima la carga que le impone la conducta social, las malas influencias del entorno que no hacen otra cosa que complicar su normal desenvolvimiento, haciéndola sentir torpe como madre cuando en realidad tiene consigo un perfecto manual para comportarse como una experta.
En los primeros meses
Pongamos un ejemplo. Muchas personas rodean a la madre para explicarle cómo debe hacer para querer más a su hijo, cuál es la mejor manera de crear un fuerte lazo. La ayudan a parir, le bañan su bebe, lo alojan en una nursery, y se lo prestan de a ratos delicadamente arropado y perfumado. Todo esto para que resulte agradable tenerlo y para que no la moleste en su descanso, porque si ella es molestada por su hijo permanentemente en ese estado, se cree que puede arruinar la buena relación maternal, rechazando inconscientemente a su bebe a causa de su agotamiento.
Una hembra sin estas influencias pare a su cría y la limpia ella misma, ese primer contacto desata un lazo que pone en marcha el resto de su programa genético, sus instrucciones de madre.
El cachorro queda con la madre, nadie lo quita ni ella lo permite.
Veremos en este libro cómo se desatan entonces los mecanismos maternales paso a paso.
Pero no pretendo convencerte de que debes parir sin ayuda ni limpiar a tu bebe. Lo que pretendo es que solo aceptes la ayuda, pero dentro de lo posible que no sean desperdiciados los primeros minutos fundamentales de tu hijo aislándolo de ti. Cuanto más cerca lo tengas mejor será su desarrollo y tu relación con él.
Iremos analizando esto paso a paso, pero ahora veamos un ejemplo de cómo puede influir, a qué grado puede llegar, este tipo de mecanismo.
A una clínica ginecológica llegó en 1974 una mujer con un embarazo a término declarando que quería dar a su bebe en adopción, ya que bajo ningún punto de vista le interesaba conservarlo. Decía no estar preparada para la maternidad, que arruinaría su vida y la del niño, y que por lo tanto era mejor que otra mujer mejor predispuesta lo tuviera.
El profesor de ginecología, de quien no se da su nombre, decidió realizar un experimento con resultados muy reveladores.
Lo usual en estos casos, que son muy frecuentes, es retirar el bebe recién nacido sin que la madre tome contacto con él, colocarlo en incubadora y ubicarlo con una familia adoptiva sin que la madre biológica nunca sepa su destino.
En este caso el médico no retiró el bebe luego del parto, sino que lo dejó con la madre varias horas.
Posteriormente le indicó que debería cuidarlo unos días porque no había encontrado aún a la familia adoptiva adecuada. No lo dejó con la madre 6 veces al día por 20 minutos para su amamantamiento, como es regular, sino un total de 5 horas diarias. En esos lapsos lo entregaba completamente desnudo, solo con una protección en el cordón umbilical. Así permanecía largos ratos en estrecho contacto corporal con la madre en su cama.
Al cuarto día el médico entró a la habitación para pedirle el bebe diciéndole que por fin había encontrado a una familia ideal para él, y que sería dado en adopción de inmediato como ella había pedido.
La mujer se negó rotundamente, aduciendo que era su hijo y que no había fuerza en el mundo capaz de arrebatárselo.
Durante los siguientes 6 años el profesor hizo un seguimiento de la madre y su hijo de manera discreta.
Realizó observaciones de la madre y el niño en sus paseos sin que se dieran cuenta, hizo consultas a parientes, amigos y al propio médico de cabecera. Todos coincidieron en una sola cosa: era la mejor madre que podría tener un niño.
La misma madre que no tenía ningún interés por su bebe, que quería deshacerse de él inmediatamente después del parto, se había convertido en una madre luchadora y abnegada, con un lazo tan firme como una madre animal. La causa sin dudas, fueron los mecanismos puestos en marcha durante esos 4 días de experimentación en la clínica, mediante el método natural de creación del lazo materno.
No es este el único software instalado en la madre como parte del paquete básico de sus utilitarios. La mujer cuenta como todas las madres animales con un esquema pedagógico perfecto, capaz de hacer que un niño aprenda rápidamente a sobrevivir en un medio hostil.
Las condiciones antinaturales de la actualidad corrompen esos programas y no los dejan funcionar correctamente, pero si los incentivamos y ponemos en marcha, verás que puedes educar a tu hijo de la manera más eficiente y fluida, al igual que las madre primitivas lo hacían.
Pensarás que muchas crías humanas morían en épocas primitivas, pero solo haz esta cuenta: el promedio de vida era menor a 30 años, criar un hijo demandaba hasta los 12 años como mínimo, edad a la que se los considera adultos en tribus actuales que conservan costumbres primitivas. La edad reproductiva de la madre comenzaba entre los 12 y 15 años, con una capacidad promedio de un hijo cada 3 años debido a determinadas circunstancias fisiológicas que analizaremos. Por lo tanto una hembra humana estaba en condiciones de criar un promedio de 3 a 4 hijos en toda su vida.
Como parámetro, un orangután hembra puede tener un hijo cada 5 años promedio, son los primates con mayor coincidencia cromosómica con nosotros.
El humano primitivo era monógamo, por lo que dos humanos de una generación invertía su vida entera para que en la próxima generación haya 3 a 4. La tasa de crecimiento entre generaciones más baja del reino animal, y sin embargo es la especie animal más exitosa del planeta. Extendida por toda la superficie de la tierra. Como ves, si hubiera habido una alta tasa de mortalidad infantil la especie humana se habría extinguido rápidamente.
¿Aún no crees en tu software de madre?
Una madre cuando amamanta a su bebe recién nacido lo mira a una distancia de 25 centímetros, ¿porqué lo hace siendo que su propia distancia focal de adulta es de 20 centímetros?, sencillamente porque la distancia focal del bebe es como máximo 25 a esa edad. Es decir que sacrifica su mejor visión para que el hijo pueda captarla mejor .... ¿alguien le enseña eso a una madre?, su instinto maternal se lo dicta desde lo profundo.
Qué ocurre cuando no se puede parir en el ambiente calefaccionado de una clínica? Las parturientas primitivas solo tenían una manera de mantener el calor de sus crías, empleando su propio cuerpo como fuente de temperatura. Resultaba así imposible alejar al bebe de ellas. Maravillosa coincidencia, se ha demostrado que a los 7 minutos de nacido el bebe alcanza un nivel de atención elevado que se prolonga por una hora. Pasado ese periodo ya no vuelve a alcanzar esos niveles hasta los 8/10 días. Ese periodo fija un lazo de percepción hacia su madre, que solo es interrumpido en la actualidad por la existencia de los calefactores que reemplazan al cuerpo materno. ¿Habría que eliminar los calefactores?, por supuesto que no, lo que debes intentar es que respeten tu naturaleza de madre.
¿Y que hay de los machos? ¿podemos los hombres ser buenos educadores y cuidadores de nuestros hijos?. Veremos como el reino animal nos enseña los mecanismos por los que un macho se convierte en un dedicado y cariñoso protector de su cría, mecanismos que podemos desatar en los humanos, ya que los tenemos latentes, listos para ser despertados.
Orlando