Reflexiones
Juancito y el Lobo, un cuento que llegó a su fin
Muchas veces me he visto envuelto en discusiones a cerca del comportamiento que debemos evaluar en el canino. Muchas personas que viven de la espectacularidad de sus escándalos más que de sus inexistentes logros en el campo de la corrección de conductas y el adiestramiento, han limitado sus acciones a atacar gratuitamente a quienes hemos demostrado que nuestra teoría funciona cuando la llevamos a la práctica, porque tenemos qué mostrar, además de palabras.
Los doctores Tsuda, Kanabe, Kikkawa y Yonekawa demostraron que las diferencias entre los ADN mitocondrial de caninos y lobos está en el mismo rango que las de los caninos entre sí y los lobos entre sí: va del 0,3 al 3,35%. Esto da por finalizada la eterna discusión a cerca del origen del canino. El canino no desciende del lobo, el canino ES un lobo. Y ya es hora de que quienes han dedicado su vida a tratar de desprestigiar a los demás, empiecen a demostrar qué es lo que pueden hacer con ellos en un plan de entrenamiento.
“Vos sostenes que el canino desciende del lobo porque de otra manera deberías empezar a estudiar todo de nuevo” me dijo agresivamente un disertante de quien no repetiré el nombre en el transcurso de una charla debate sobre comportamiento canino. Sabido es en el medio que yo he basado mis trabajos y mis técnicas en el hecho de considerar al canino como a un lobo domestico. Con sus desviaciones debidas a la presión de selección, nuestros caninos basan todo su esquema psíquico en los esquemas de conducta social de las manadas de lobos.
“Si fuera así, ¿porqué no decir que el canino desciende del Licaón?” continuó el conferencista. De quien solo se conocen escritos de retorcida y mordaz utilización del idioma, pero nunca se le conoció un canino adiestrado.
El Licaón es el llamado canino salvaje africano. Habita en una limitada área de las sabanas africanas y esta en extinción. Su color es pintado, no se ha adaptado a otro clima ni a otro tipo de geografía ni dietas. Y justamente es su escasa capacidad de adaptarse lo que lo esta extinguiendo.
Está claro que el Licaón es un animal con una limitada o nula plasticidad genética. ¿Qué es la plasticidad genética?. Es la capacidad de aportar variaciones en las sucesivas generaciones, capaces de adaptarse a condiciones del medio ambiente cambiantes. Por ejemplo, un día el lobo gris de Norteamérica emigró más al norte, llegando al Ártico. Su plasticidad genética le permitió que algunos de sus descendientes fueran blancos, esos podía cazar mejor en la nieve a causa de su camuflaje, por lo tanto tuvieron más éxito, se reprodujeron más, y hoy todos los lobos árticos son blancos.
Gracias a su plasticidad genética el lobo ha podido adaptarse a diferentes partes del planeta, desde los desiertos hasta el ártico, desde los bosques a las montañas, adaptando su color a la geografía, su tamaño al tamaño de las presas del lugar, etc. Ha dado una capacidad de respuesta de adaptación física muy rápida de generación en generación, y eso hacía pensar que se trataba de la misma especie que el canino, ya que el licaón, por el contrario, debe su fracaso de especie y su casi extinción, a la poca capacidad de generar cambios y adaptarse a otras condiciones.
En cierta forma, lobo y hombre, han seguido caminos paralelos, ya que ambos son especies que conquistaron la casi totalidad del planeta, ellos mediante su plasticidad genética, nosotros mediante su inteligencia. Mientras los lobos se basaron en sus genes para cambiar el pelaje y adaptarse a las nieves del Ártico, nosotros lo hicimos con nuestra inteligencia, fabricando indumentaria adecuada.
Esta característica hizo que el lobo pasara a ser las más de 400 razas que hoy tenemos, ya que por presión de selección podemos conseguir lo que deseemos en solo 20 años. Es decir, si queremos una nueva raza, solo nos llevará 20 años de crianza selectiva obtenerla. Incluyendo sus características físicas como las psíquicas.
Todos, absolutamente todos, los comportamientos de nuestras razas de caninos, son subprogramas de comportamiento de los lobos en los que los hemos especializado para cada necesidad.
Durante cientos de años se ha empleado para referirse al canino el nombre de una especie inventada, que no existe ni jamás existió: Canis familiaris. Pero en 1993, los exámenes de ADN mitocondrial contundentemente y sin lugar a dudas que la genética del canino no es parecida, ni similar, sino idéntica a la del lobo. En otras palabras: lo que nosotros llamamos "canino" es la variedad doméstica de la especie Canis Lupus.
A los efectos de diferenciarlos, podemos llegar hoy a decir a lo sumo que nuestro canino es un Canis Lupus subespecie familiaris, pero ya nunca más debería volver a referirnos a ellos como Canis Familiaris ya que esa especie no existe, ha dejado de existir a partir de la demostración del ADN mitocondrial.
En septiembre de 1993 la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica reconoció (ante el disgusto de muchos) que el lobo y el canino pertenecían a la misma especie. Puede no gustarles, pero así es. Y ya es hora de terminar con este debate estéril y dedicarse a demostrar qué es lo que se sabe hacer con los caninos en lugar de denostar a quienes demostramos en exhibiciones, películas y documentales de TV, que nuestra teoría tiene resultados concretos en la práctica
Para Mayores Pruebas
Como dije, en septiembre de 1993 la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica reconoció que el lobo y el canino pertenecían a la misma especie.
Para aquellos que dudan, los cuatro científicos japoneses que demostraron definitivamente la identidad de especie entre el lobo y el canino encontraron que la tasa de variación del ADN mitocondrial entre 24 distintas razas de canino doméstico es de entre el 0 y el 3,19%, mientras que la diferencia entre las tres subespecies del lobo gris es de entre el 0 y el 2,88%. Es decir, ambas con muy bajas diferencias.
La conclusión es que todos los caninos son de la misma especie, y las tres subespecies del lobo pertenecen también a una misma especie. Pero las diferencias entre caninos y lobos está en el mismo rango que las de los caninos entre sí y los lobos entre sí: va del 0,3 al 3,35%. En otras palabras, las diferencias entre el ADN del canino y del lobo no son mayores que las de los caninos entre sí o las de las subespecies del lobo entre ellas.
Para mayor refuerzo de esta verdad científica, una serie de bases nitrogenadas del ADN del lobo (TACACGTA/CGC) está presente en el canino y en ninguna otra especie. No hay secuencias especiales solamente del lobo ni específicas únicamente para el canino: todas las que están en uno, están en el otro. Y no están ni en el Licaón, ni el el zorro, ni el coyote, ni ningún otro cánido que no sea el Lupus. Damas y Caballeros: El Perro es un Lobo.
Ahora sí, fin de este debate inútil y a pongámonos todos a adiestrar y demostrar qué sabemos hacer.
Orlando Eijo