El Stress y los Perros
Un canino actúa como un sedante natural. Así lo demuestran investigaciones realizadas en prestigiosas universidades. Veremos aquí los fundamentos por los que el canino relaja y distiende a sus amos.
PRIMERA PARTE:
El investigador de la Universidad de Filadelfia colocó al sujeto un monitor para controlar presión sanguínea y ritmo cardíaco. Inicialmente se observan valores intermedios de reposo.
Al iniciar una conversación casual y amena con el sujeto, los valores se incrementan.
Toda interrelación con otras personas eleva la tensión, y esto era indicado perfectamente por el monitoreo.
Acto seguido se permite ingresar a la habitación al canino propiedad del sujeto sometido a la experiencia. Los valores de su tensión disminuyen, no solo a los niveles previos a la conversación, sino por debajo de los valores con que se inició la medición.
Se comprobó asimismo que quienes tartamudean lo hacen en menor medida si tienen a su caninos cerca, y no lo hacen en absoluto cuando a quienes les hablan es a sus caninos.
Es evidente que el canino es causa de una disminución muy marcada en la tensión nerviosa de su amo. Y esto tiene, no solo aplicaciones sociales para la relación con las personas, sino incluso está empleándose ya como terapéutica, como si de un medicamento se tratara, y a un paso de obtener el reconocimiento que le permita la cobertura de los costos por los seguros de salud. Ya ampliaremos esto en las siguientes entregas del tema.
Una de las causas de estos beneficiosos efectos podemos buscarlas en la reprimida tendencia al “aseo social” de los animales gregarios (véase el número 2 de El Universo Canino).
Es esta sin dudas la principal causa de este efecto provocado por los caninos.
Pero podemos aventurar alguna otra, que en menor medida esté actuando también sobre nuestra tensión.
Según el prestigioso etólogo Desmond Morris (autor de El Mono Desnudo, Un estudio a Cerca del Animal Humano), los caninos fueron serios competidores de los humanos antes de su domesticación.
Imaginemos a un animal como nosotros, bípedo, lento, sin vista ni oído ni olfato adaptados a la caza, sin garras ni colmillos capaces de sujetar y matar una presa.
Por otro lado, otro cazador en grupos, el lobo. Con visión nocturna, sensores infrarrojos capaces de captar las fuentes de calor, olfato especialmente programado para ácidos grasos (sobre todo ultra sensible a los ácidos butíricos), un oído capaz de escuchar un aullido a 10 kilómetros, y con mayor sensibilidad a la gama ultrasónica de los roedores, veloz en al carrera y con una mandíbula capaz de sujetar y matar eficazmente.
Ambas especies, humano y lobos, compitiendo en el mismo territorio por las mismas presas.
Sin ninguna duda que el solo hecho de percibir su cercanía nos ponía nerviosos, ya que competir contra ellos era no poder cazar.
Las glaciaciones habían diezmado los grandes bosques, expulsados fuera de ellos, en las llanuras y el frío, la carne era una de las únicas posibilidades de supervivencia humana. Apenas algunos vegetales podían ayudarnos a complementar las dietas, pero las condiciones de extrema dureza climática nos dejaban con muy pocas variantes de la dieta, ya que no contando con el aparato digestivo de los herbívoros como para extraer nutrientes de los escasos pastos que quedaban bajo la nieve, y no habiendo árboles capaces de entregarnos frutos ricos en azúcares y bayas con proteínas, la carne era nuestra única esperanza. Una carne que no se dejaba tomar tan fácilmente como los vegetales, había que localizarla, acosarla, acorralarla y capturarla, para luego matarla. Los lobos y grandes felinos habían tenido millones de años para adaptarse físicamente a esa actividad. Nosotros, en cambio, tuvimos que hacerlo rápido, sin esperar que nuestro físico y nuestros sentidos evolucionaran, de no hacerlo así, nuestro destino hubiera sido el mismo que el de los dinosaurios.
Los felinos no fueron gran problema en principio, ya que solo uno de ellos caza en grupos, y está localizado en una sola región de la tierra, me refiero al león.
Los felinos solitarios eran más bien escasos, cazaban poca cantidad de presas y nos dejaban una buena cantidad disponible.
Pero los lobos eran animales genéticamente plásticos, es decir que mutaban y se adaptaban a cualquier parte del planeta. El lobo es el cánido que más variedades ha desarrollado adaptadas a casi todas partes de la tierra. Desde lobos blancos del ártico hasta lobos negros de los bosques más oscuros, ambas mutaciones para ocultarse mejor al cazar. Desde los enormes lobos americanos adaptados a presas como los búfalos, hasta los lobos más pequeños de Europa adaptados a presas más pequeñas como los ciervos.
El lobo era una verdadera peste para nosotros. Donde quiera que fuéramos, ahí había algún lobo adaptado a la región y las presas del lugar. Adaptado a la caza mayor mediante la coordinación de equipos y a la caza menor utilizando sus sentidos ultrasónicos.
El haber firmado un acuerdo de coparticipación con ellos debió significar para nuestros antepasados un gran alivio.
De repente ya no luchábamos contra sus mayores capacidades compitiendo con ellos, ahora contábamos con su olfato, vista, oído, velocidad, capacidad de organización. En lugar de ser una desventaja, ahora era nuestra propia ventaja.
En poco tiempo pasamos a ser uno de los depredadores más exitosos de la tierra sumando nuestro ingenio y las capacidades físicas del lobo. Y no solo eso, a partir de este acuerdo de sociedad pudimos controlar ganado, no cazábamos sino que controlabamos las manadas a nuestro antojo como enormes despensas de carne caminando, lo cual recién pudo ser posible con el canino. Esto nos permitió ya no depender de los movimientos de las manadas sino administrar nuestro sustento.
¿Algo menor?, en absoluto, no es un detalle menor, ya que el no depender de las manadas nos permitió permanecer en un mismo sitio.
Asentarnos en un lugar fijo nos permitió mejorar nuestro hábitat, y a partir de ahí nuestro ingenio pudo evolucionar con mayor velocidad, ya que en la seguridad de un sitio fijo, bien asegurado, nuestra inteligencia se desarrolló velozmente. Como demostraremos en la próxima entrega de la publicación.
Orlando